El reparto de ingresos en el tenis marca la edición 2026 de Roland Garros
El descontento de las estrellas del tenis, que reclaman una mayor parte del pastel económico generado por los torneos del Grand Slam, marca la edición 2026 de Roland Garros que comenzará el domingo al poner encima de la mesa la complejidad del ecosistema financiero de este deporte.
Roland Garros está siendo el escaparate perfecto para la protesta de los tenistas, que decidieron limitar a quince minutos la duración de su intervención ante los medios de comunicación este viernes en el tradicional "media day" del torneo parisino, una jornada con una sucesión de conferencias de prensa de los principales nombres de la competición.
El movimiento de protesta ha resultado menos extremo que lo que se temía cuando se agitó a principios de mes la amenaza de un boicot, pero marca en cualquier caso un endurecimiento del tono en el diálogo entre jugadores y organizadores de las citas del Grand Slam.
Los jugadores quieren aumentar su dotación, actualmente fijada en 61,7 millones de euros (71,6 millones de dólares), es decir, un 15% del total de lo que aporta Roland Garros a la Federación Francesa de Tenis (FFT).
Ese porcentaje es similar al que reciben los jugadores en los otros tres grandes del calendario (Abierto de Australia, Wimbledon y US Open).
La reivindicación de los tenistas es que se eleve a un 22%, la cantidad que perciben de parte de los organizadores de los torneos combinados WTA 1000 y ATP Masters 1000 (Indian Wells, Miami, Madrid, Roma, Cincinnati).
Si ese ratio fuera aplicado este año en Roland Garros, serían casi 30 millones de euros (casi 35 millones de dólares) suplementarios los que se repartirían entre los jugadores.
- "Bastante poco" -
"Si mañana los organizadores de Roland Garros decidieran pagar más a los jugadores (...) eso iría forzosamente en detrimento de lo que se destina para el desarrollo del tenis en Francia", que es una de las misiones que tiene la FFT, estima el economista Christophe Lepetit, responsable de estudios económicos del Centro de Derecho y Economía del Deporte (CDES) en Francia.
La tensión sobre el reparto de los ingresos en el deporte profesional no es nuevo, ni específica del tenis.
Varias figuras del tenis han hecho paralelismos con ligas norteamericanas de otros deportes (NFL, NBA, NHL), donde una serie de huelgas llevaron a un porcentaje próximo al 50% en el reparto.
En comparación a ello, un 15% "parece bastante poco", dice a la AFP Antoine Feuillet, profesor de gestión del deporte en la Universidad de París-Saclay.
En su opinión, los jugadores están autorizados a elevar la voz "porque son ellos los que crean el valor y los que dan espectáculo", ya que sin las estrellas "se limita la capacidad de los organizadores para vender su torneo, para tener patrocinadores y para llenar los estadios".
Pero al contrario de lo que ocurre en el deporte norteamericano, estructurado en torno a negociaciones colectivas y regulares entre actores claramente identificables, al tenis mundial le falta un marco claro para canalizar la salida de la crisis, subraya este experto.
- Gobernanza dispersa -
En el tenis, la gobernanza está muy dispersa, entre los organizadores de los cuatro Grand Slam, los circuitos privados ATP y WTA, y la Federación Internacional de Tenis (ITF), que gestiona la Copa Davis y la BJK Cup.
A esta pluralidad de interlocutores se añade el problema de la representación de los tenistas profesionales.
El sindicato cofundado por Novak Djokovic en 2020, el PTPA, se vio sacudido a principios de este año por la salida del mismo de la estrella serbia y es acusado a menudo de falta de representatividad.
Los ingresos de los jugadores no se componen por otra parte de manera exclusiva de las dotaciones financieras que obtienen en los torneos, sino también de sus contratos de patrocinio.
La publicación especializada Forbes calculó que lo extradeportivo representaba un 70% de los 48 millones de dólares obtenidos por el tenista mejor pagado del mundo entre agosto de 2024 y agosto de 2025, el español Carlos Alcaraz.
Un ratio similar tiene la jugadora mejor pagada, la estadounidense Coco Gauff.
"En los deportes individuales" de fuerte mediatización como el golf, el tenis o la Fórmula 1, "los ingresos de la actividad deportiva ligada al rendimiento deportivo es a menudo proporcionalmente menos importante que los ingresos ligados a contratos de imagen", confirma Christophe Lepetit.
Pero todo esto es mucho menos evidente para los jugadores con un ranking menos alto, que son menos atractivos para los patrocinadores y que son mucho más dependientes de las dotaciones de los torneos, puntualiza.
D.S.Robertson--TNT